«Esto no lo he visto en mi puta vida», decía Pau Quesada después del golazo de Silvia Cristóbal que le daba la victoria el Real Madrid en Mánchester. El gol no subía al marcador, lógicamente. El motivo: una jugadora del City chocaba con la árbitra y ésta pitaba inmediatamente para anular la jugada. El reglamento no recoge que se pueda parar el partido por un empujón al árbitro sin incidencia en el juego, pero en esta ocasión, Gasperotti lo hacía.
Tras un rechace, Cristóbal se sacaba un potente disparo que entraba por la escuadra. Era el 1-2 para el Real Madrid, que había sufrido mucho en la segunda parte pese a ir ganando al descanso. Sin embargo, la árbitra había parado el juego y el gol no valía. Nadie se lo explicaba. No había fuera de juego, no había ninguna falta; únicamente, un choque de una futbolista del City que iba a por el balón.
Según la IFAB, el juego se detendrá cuando «el balón toque a un miembro del equipo arbitral, permanezca en el terreno de juego y, además, un equipo inicie un ataque prometedor, el balón entre directamente en la portería o el equipo en posesión del balón cambie». En este caso no se cumplen, por lo que el gol debió subir al marcador.